La empresa tenía capacidad productiva, experiencia internacional y un portafolio con potencial para la región. Sin embargo, necesitaba definir dónde comenzar y cómo convertir esas ventajas en oportunidades comerciales. Cada país presentaba condiciones regulatorias, competitivas y de distribución diferentes.
Identificar posibles distribuidores era apenas el primer paso. Había que evaluar su cobertura, capacidad comercial, experiencia sectorial e interés real en incorporar el portafolio. La distancia, el idioma y la falta de presencia local dificultaban iniciar conversaciones y darles continuidad.
El desafío era validar oportunidades antes de comprometer recursos en contrataciones, viajes o una estructura regional. La compañía necesitaba mercados prioritarios, socios potenciales calificados y un proceso comercial que permitiera avanzar con información concreta.