El laboratorio recibía consultas de veterinarios, establecimientos comerciales y distribuidores por WhatsApp, formularios digitales y otros canales. Muchas llegaban con información incompleta y requerían varios intercambios antes de identificar qué necesitaba la persona y quién debía atenderla.
La información de producto estaba distribuida entre catálogos, fichas técnicas y distintas áreas. Para preparar una respuesta o derivar una solicitud, los equipos debían buscar documentación, identificar la categoría de producto y completar manualmente datos sobre el contacto y su mercado.
El desafío era reducir ese trabajo previo y dar continuidad a cada oportunidad. El laboratorio necesitaba un proceso que organizara las consultas, completara los datos relevantes y las derivara con contexto, manteniendo el control sobre la información técnica y la intervención de especialistas.