Creamos un efecto que invitaba a probarlo y convertir el resultado en una publicación personal. La experiencia aprovechaba un formato que la audiencia ya reconocía, facilitando que cada participante entendiera la propuesta y se sumara.
Cada persona podía incorporar su reacción, su estilo y su manera de crear contenido. Esa libertad permitió que una misma idea apareciera en publicaciones diferentes y circulara a través de las comunidades de sus participantes.
Creadores de contenido también se sumaron espontáneamente y ampliaron la exposición del efecto. La distribución se extendió más allá de la cuenta de la marca, impulsada por las publicaciones de quienes decidieron probarlo, sin pauta publicitaria.