
Antes de escalar, la data tiene que aguantar una auditoría. Reconstruimos la medición de punta a punta — plataformas, MMP, CRM y banco — hasta que los cuatro cierren entre sí. Recién ahí un número sirve para decidir.
Cruzamos lo que dice la plataforma, lo que dice el MMP, lo que dice la factura y lo que dice el banco. Cuando los cuatro no coinciden, el problema no es el reporte: es la decisión que tomaste con él.
Un MMP mezcla inversión propia con inversión directa del cliente y sobre-reporta gasto sin avisar. Sirve para atribuir instalaciones, no para responder cuánto se gastó. Esa distinción sola evita discusiones de miles de dólares.
Conversiones del lado del servidor, deduplicación y consentimiento que no rompa el dato ni el marco legal.
Cada cifra del reporte tiene una fuente que se puede abrir delante de un CFO. Si no se puede abrir, no entra.

Empezamos por el peor escenario: asumimos que la medición está mal y buscamos dónde. Cruzamos plataforma, MMP, facturación y extracto bancario mes por mes hasta que la diferencia sea explicable línea por línea.
Después dejamos el sistema instalado, no el informe. Tracking server-side, eventos nombrados con criterio y un tablero único que no dependa de que alguien se acuerde de cómo se armó.
Nada se da por bueno. Empezamos listando qué no cierra.
Cada número se pelea contra otra fuente independiente.
Queda el sistema, la documentación y el criterio para sostenerlo.

